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  • 🎤Babasónicos: la banda que reinventó el rock argentino

    🎤Babasónicos: la banda que reinventó el rock argentino

    🎸 El salto al vacío que cambió todo

    Cuando Babasónicos apareció a comienzos de los 90, el rock argentino acarreaba una historia intensa: venía de la explosión democrática de los 80, del auge del rock barrial, de la sombra de Soda Stereo y del legado de Charly. En ese contexto fértil pero, a la vez, rígido en algunas estructuras, surgió una banda que vino a desacomodar todo.

    Babasónicos no quería repetir nada: buscaban dinamitar las convenciones del rock local. Su estética era arriesgada, glam, electrónica, futurista y, a la vez, profundamente sensual. Si en esos años la identidad rockera era callejera, masculina, solemne, ellos se paraban del otro lado del ring: irónicos, teatrales, ambiguos, provocadores.

    Su irrupción generó fascinación e incomodidad. No era fácil clasificarlos. Con samplers, letras psicodélicas, discursos tóxicos y travestismo sonoro, crearon una identidad propia desde el día uno. Era evidente que tenían un plan: llevar la música a lugares donde el rock argentino no se animaba.

    Con los años, su capacidad para reinventarse fue su mayor fuerza. Pasaron de la psicodelia industrial a un pop refinado, del caos al minimalismo sensual, de la ironía explosiva a la elegancia madura. Pero, sin importar la forma, siempre mantuvieron el mismo pulso: experimentar.

    Adrián Dárgelos es el eje del imaginario babasónico. Con su voz sugerente y actitud de dandi callejero, convirtió la seducción en instrumento musical. A su lado, músicos fundamentales —Diego “Uma-T” Tuñón, Diego “Uma” Rodríguez, Panza Castellano, Carca, Mariano Domínguez y Mariano Roger— dieron vida a una máquina sonora impecable, compacta y sorprendente.

    Lo más interesante es que Babasónicos logró algo difícil: evolucionar sin perder identidad. Cada etapa es distinta, pero todas son parte del mismo ADN inquieto.

    ⭐ De marginales experimentales a reyes del pop

    Su primera etapa fue la más radical. Un grupo experimental, sucio, ruidoso, irreverente. Mientras el rock barrial dominaba, ellos parecían haber llegado de otro planeta. “Pasto” (1992) asomó como un objeto extraño: psicodelia barata, riffs torcidos y letras que parecían poemas lisérgicos. No buscaban encajar; querían generar fricción.

    Le siguió “Trance Zomba” (1994), aún más oscuro, espeso, violento. Un disco que todavía hoy suena peligroso. Allí ya se escuchaban las voces distorsionadas, texturas electrónicas y el coqueteo con el dance.
    Después vendría “Dopádromo” (1996), una obra clave para entender a la banda. Más compacto, más directo, pero igual de delirante. Para algunos fanáticos, su primera obra maestra.

    En esos años, Babasónicos era casi un gesto político dentro del rock argentino: eran la negación del rock chabón, el rechazo frontal a lo previsible. No querían perpetuar la tradición, querían atacar al sistema desde adentro. Su actitud era desafiante, irónica, sexual.
    La banda provocaba: desde el look hasta las letras. No pedían permiso.

    Pero en el 2001 llegó el momento del quiebre.
    Mientras Argentina se desmoronaba, Babasónicos lanzó “Jessico”, probablemente su disco más importante. A diferencia de sus primeras obras, era más luminoso, más pop, más accesible. Pero no era concesión: era transformación.

    “Los Calientes”, “Deléctrico”, “El Loco”, “Fizz”.
    Todos himnos instantáneos.

    Ese álbum abrió una puerta para el público masivo.
    Por primera vez, Babasónicos fue entendido.
    Y, paradójicamente, ese entendimiento los volvió aún más interesantes.

    Después vino “Infame” (2003), donde afinaron el pop con tintes oscuros. Un disco elegante, venenoso. Allí apareció “Carismático”, canción que sintetiza a la banda: seducción, ironía, ambigüedad.

    Babasónicos pasó de ser “una banda rara” a convertirse en la banda más influyente del rock argentino contemporáneo.

    💃 Una estética que también se escucha con los ojos

    En Babasónicos, la música es solo la mitad de la historia.
    La otra mitad es la estética, el imaginario.

    Desde el vestuario glam hasta las fotografías cargadas de erotismo, desde las puestas teatrales hasta los videoclips minimalistas y artesanales, todo está pensado como parte de una narrativa.
    No hay azar: cada decisión artística responde a un universo donde el arte se mezcla con el deseo, la ironía con el lujo decadente.

    Esta obsesión visual los transformó en una banda total:
    no solo hacen música, construyen mundos.

    Shows envueltos en luces tenues, figuras misteriosas, personajes ambiguos.
    Vestidos como androginia de club nocturno, como dandis alienígenas o como militantes del hedonismo.

    La imagen también habla.

    🔥 Letras: sensualidad, caos y poesía moderna

    Las letras son uno de los pilares de Babasónicos.
    Dárgelos tiene un don: convertir situaciones comunes en paisajes oníricos y escenas callejeras en alta poesía pop.

    Su escritura es sinuosa, cargada de doble sentido, ironía, erotismo, violencia emocional y humor.
    Nunca es lineal: va del susurro a la bofetada.

    Hablan sobre:

    • El deseo como fuerza natural
    • La máscara social
    • El tedio moderno
    • La fiesta como escape
    • La seducción como poder
    • La decadencia glam
    • La belleza de lo efímero

    Sus letras son como una fiesta privada: todos pueden entrar, pero pocos entienden todo.

    Lo interesante es que Babasónicos escribe desde un punto de vista sofisticado pero accesible. No hace falta descifrarlo para disfrutarlo, pero si querés, hay muchas capas para explorar.

    🚀 Evolución sonora permanente

    Cada etapa de la banda tiene un color distinto. Sin embargo, ninguna contradice a la anterior: todas forman parte de la misma expansión.

    • Psicodelia industrial (Pasto / Trance Zomba)
    • Caos controlado (Dopádromo)
    • Pop elegante y seductor (Jessico / Infame)
    • Independencia sonora y baile hedonista (Mucho)
    • Refinamiento adulto (A Propósito)
    • Minimalismo pop moderno (Discutible)
    • Madurez sólida y sobria (Trinchera)

    Avanzan como si en cada disco se les revelara una nueva versión de sí mismos.

    🎶 Discografía esencial

    Pasto (1992) — lúdico, extraño

    Trance Zomba (1994) — oscuro, ácido

    Dopádromo (1996) — psicodelia acelerada

    Vórtice Marxista (1998) — rareza absoluta

    Jessico (2001) — la metamorfosis

    Infame (2003) — glamour decadente

    Mucho (2008) — hedonismo bailable

    A Propósito (2011) — melancolía cool

    Romantisísmico (2013) — pop venenoso

    Discutible (2018) — minimalismo afilado

    Trinchera (2022) — regreso al filo

    🎧 ¿Por dónde empezar a escuchar?

    Para entrar sin miedo:

    “Jessico” (2001)

    → “Los Calientes”, “Deléctrico”, “El Loco”

    “Infame” (2003)

    → “Carismático”, “Como eran las cosas”

    “Mucho” (2008)

    → “Microdancing”, “Pijamas”

    Si querés meterte más profundo:

    “Dopádromo” (1996)

    → caótico, fascinante

    “Trance Zomba” (1994)

    → psicodelia industrial

    Para escuchar el presente:

    “Trinchera” (2022)

    → áspero y elegante

    🧨 ¿Por qué siguen vigentes?

    Porque nunca se estancaron.
    Siempre se permitieron cambiar.

    En un país donde la nostalgia suele predominar, Babasónicos se mantuvo mirando hacia adelante.
    No se enamoran de sus viejos logros; prefieren arriesgar.

    Su obra funciona como un mapa emocional del rock argentino del último cuarto de siglo. Es experimental, accesible, glam, nocturna, sensual, filosófica y callejera. Todo a la vez.

    🌙 Sobrevivir, brillar, cambiar

    Babasónicos es uno de esos grupos que no solo compone canciones, sino cultura.

    A lo largo de tres décadas, crearon un universo propio donde la experimentación es ley, el deseo es motor y la belleza es inquietud.
    No le deben nada a nadie.
    No respondieron a modas: las impusieron.

    Su historia sigue viva porque siguen creando con la misma intensidad que en sus primeros días.

    Si nunca los escuchaste, hoy es un buen momento.
    Y si ya los conocés, sabés que siempre existe un tema más para descubrir.

    Si te entusiasma su mundo, compartí este post o contame tu canción favorita — algo bueno va a salir de esa conversación.

  • 📀Un baión para el ojo idiota (1987) – Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota

    📀Un baión para el ojo idiota (1987) – Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota

    💥 Cuando el rock barrial se volvió misterio nacional

    En 1987, mientras el rock argentino buscaba nuevos rumbos tras la euforia postdictadura, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota lanzaban un disco que sonaba distinto a todo: Un baión para el ojo idiota. Un título extraño, provocador y casi poético, que escondía detrás una radiografía del país desde la ironía y el desconcierto.

    Venían de la energía cruda de Oktubre (1986), pero aquí decidieron bajar un cambio sin perder filo. El resultado fue un álbum donde el baile, la paranoia y la crítica social conviven en una mezcla única de guitarras, funk, y poesía lunática. Un disco que no solo consolidó su culto, sino que marcó un punto de inflexión en el sonido de los Redondos.

    🌀 Entre el ritmo y la sospecha: el sonido del “baión”

    El término baión —tomado del baile popular brasileño— fue resignificado por la banda: no se trata de un ritmo alegre, sino de un movimiento hipnótico, casi paranoico. Skay Beilinson y el Indio Solari lograron un equilibrio perfecto entre lo sensual y lo inquietante.

    El sonido se siente más urbano y viscoso que en los discos anteriores. La guitarra de Skay es menos punk y más serpenteante, las bases de Semilla Bucciarelli y Walter Sidotti aportan un groove casi funky, y los teclados de Willy Crook le dan un aire de club decadente, de noche porteña donde algo siempre está por explotar.

    Canciones como “Masacre en el puticlub” o “Todo preso es político” muestran esa transformación: la banda se volvía más sofisticada sin perder crudeza, con arreglos que parecían pensados para una película noir de los ochenta, pero narrada desde La Plata.

    🔮 Letras con doble fondo y verdades entre sombras

    El Indio Solari, en su mejor momento como letrista, firma un repertorio que parece un espejo roto de la Argentina de fin de siglo. Frases cargadas de ironía, desconfianza y deseo. Cada tema encierra una historia que no se entrega del todo, obligando al oyente a ser cómplice del juego.

    En “Vencedores vencidos”, uno de los himnos redondos por excelencia, el Indio mezcla el cinismo político con una reflexión existencial: “Y ahora que estoy vencido, quiero estar tranquilo”. La derrota, el desencanto y la lucidez se mezclan con esa voz que suena entre sermón y confesión.

    “Noticias de ayer” y “Ella debe estar tan linda” exploran la melancolía y el desencanto con una sensibilidad pocas veces reconocida en el rock nacional de la época. Y en “Todo un palo”, los Redondos logran una síntesis brutal: deseo, poder, control y locura, en una sola frase magnética: “Todo un palo, ya lo ves, el peligro es mi juguete”.

    Cada canción funciona como una pieza suelta de un rompecabezas donde la paranoia colectiva se mezcla con la intimidad del alma urbana.

    🎭 El misterio como bandera

    Si algo definió a los Redondos fue su mitología. Un baión para el ojo idiota refuerza esa aura: portadas enigmáticas, letras que eludían cualquier interpretación lineal, y una banda que prefería el anonimato al estrellato mediático.

    El arte de tapa —realizado por Rocambole— muestra una especie de collage onírico, entre la sátira y la crítica. Ese “ojo idiota” del título parece hablar de todos nosotros: los que miramos sin ver, los que bailamos sin entender la música de fondo del poder y la manipulación.

    El disco funciona así como un retrato del desconcierto argentino en tiempos de aparente normalidad. Los Redondos no buscaban complacer: querían incomodar, despertar, desarmar certezas.

    🔊 “Un baión” en vivo: el fuego real

    Aunque los Redondos nunca fueron una banda de hits radiales, las canciones de este disco encontraron su verdadero esplendor en los escenarios.
    Los recitales en el Teatro Arlequines y Cemento fueron el laboratorio donde esas letras tomaron cuerpo. La comunión con el público —ese ritual redondo— convertía cada tema en una experiencia colectiva.

    “Vencedores vencidos” o “Todo un palo” no se cantaban: se gritaban como himnos de resistencia. Y así, el baión dejaba de ser solo música: era una forma de pararse frente al mundo.

    💿 ¿Por dónde empezar a escuchar?

    Si nunca te metiste en el universo ricotero, Un baión para el ojo idiota es una puerta perfecta. Es un disco que equilibra energía, poesía y sutileza, sin requerir conocer la historia previa de la banda.

    Te recomiendo escucharlo de noche, con auriculares y sin interrupciones, dejando que te envuelva su atmósfera espesa.
    Podés empezar por estos temas:

    • 🎧 “Vencedores vencidos” – un clásico absoluto, donde se resume el espíritu del disco.
    • 🔥 “Todo un palo” – ritmo hipnótico, letra inolvidable.
    • 💭 “Masacre en el puticlub” – ironía, groove y delirio en partes iguales.
    • 🌃 “Noticias de ayer” – una joya melancólica que merece más atención.

    Y si después querés seguir el recorrido, el salto natural es ¡Bang! ¡Bang!… Estás liquidado (1989), donde el sonido redondo se vuelve aún más afilado y cinematográfico.

    🕶️ Un legado que sigue girando

    Más de tres décadas después, Un baión para el ojo idiota sigue siendo un documento sonoro de la Argentina eterna: el baile entre la esperanza y la decepción, el deseo de libertad en medio de la sospecha.

    Es un disco que no envejece, porque no busca respuestas fáciles ni modas pasajeras. Es una obra que habla de cómo sobrevivir al ruido, al poder, a los espejismos del progreso.
    Y sobre todo, de cómo el rock puede seguir siendo un acto de resistencia.

    Así que si hace tiempo no lo escuchás, o si nunca te animaste a entrar al mundo redondo, dale play al baión. Quizás descubras que ese ojo idiota también te está mirando desde el espejo.