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  • 🎵El pacto de los Rolling Stones con el diablo, entre mitos, blues y rebeldía

    🎵El pacto de los Rolling Stones con el diablo, entre mitos, blues y rebeldía

    😈 Fuego, blues y oscuridad: el origen del mito

    Pocas bandas en la historia del rock lograron cargar con una reputación tan provocadora y fascinante como The Rolling Stones. Desde sus primeros días en los sesenta, la prensa, los fanáticos y hasta los moralistas los etiquetaron como los chicos malos del rock. No solo por su actitud desafiante o sus letras cargadas de deseo y rebeldía, sino por una atmósfera oscura que los envolvía.
    Mientras los Beatles eran los “buenos”, los Stones parecían disfrutar del papel de tentadores, como si la música misma fuese una ofrenda a fuerzas invisibles. Y en algún punto de esa narrativa, alguien empezó a hablar de un pacto con el diablo.

    La idea no era nueva. En el corazón del blues —la música que dio origen al rock— ya habitaba ese mito. Robert Johnson, el legendario guitarrista del Delta, supuestamente vendió su alma al diablo en un cruce de caminos para dominar la guitarra. Los Rolling Stones absorbieron esa herencia con devoción. Mick Jagger y Keith Richards eran fanáticos del blues estadounidense y veían en esas historias una mezcla irresistible de oscuridad, arte y libertad.

    En los primeros años, tocaron versiones de Muddy Waters y Howlin’ Wolf, y el propio nombre de la banda vino de una canción de Waters, Rollin’ Stone. No había casualidades: desde el inicio, la sombra del blues y su mística de pactos y condenas los acompañaba.

    🔥 Sympathy for the Devil: cuando el mito tomó forma

    El mito del “pacto” estalló definitivamente en 1968 con Sympathy for the Devil, una de las canciones más potentes y polémicas de su carrera. Jagger, con una voz entre seductora y amenazante, canta desde la perspectiva del mismísimo Lucifer. El diablo se presenta como un testigo eterno de la historia humana: de guerras, traiciones y asesinatos, pero también como un reflejo del deseo y la vanidad que viven en cada uno de nosotros.

    “Pleased to meet you, hope you guess my name…”

    En ese momento, los Stones ya eran gigantes, pero el tono de Beggars Banquet y su estética ritual marcaron un cambio profundo. La prensa conservadora los acusó de satanismo, y la figura de Jagger se volvió una especie de chamán del rock. Pero detrás del escándalo, la canción no era una oda al mal, sino una provocación cultural: una forma de señalar la hipocresía de una sociedad que condenaba el pecado mientras lo consumía cada día.

    Jagger se inspiró en El Maestro y Margarita, la novela de Mijaíl Bulgákov, donde el diablo visita Moscú para revelar las miserias humanas. No era adoración, era ironía y arte, aunque muchos no supieron leerlo. La llama ya estaba encendida, y el mito del pacto tomó vida propia.

    🩸 Altamont: cuando el infierno pareció real

    Un año después, en 1969, la historia tomó un giro trágico. Los Rolling Stones organizaron un festival gratuito en Altamont, California, que terminó en caos y muerte. Durante el concierto, un joven llamado Meredith Hunter fue asesinado frente al escenario por un miembro de los Hells Angels, el grupo de motociclistas contratado como seguridad. Todo mientras los Stones tocaban Under My Thumb.

    La prensa no tardó en relacionar la tragedia con el supuesto pacto diabólico. Altamont fue descrito como el “anti-Woodstock”, el fin de la inocencia del rock. Y aunque la banda no tuvo culpa directa, su imagen se manchó con un aura de fatalidad que la acompañaría durante años.

    La realidad es que Altamont simbolizó el colapso de una época. La utopía del amor libre se disolvió en violencia, y los Rolling Stones quedaron como los portadores de esa oscuridad que el rock ya no podía ocultar. El mito se transformó en metáfora: el diablo no era una figura externa, sino parte del alma rebelde del rock mismo.

    🕶️ Jagger, Richards y la fascinación por lo prohibido

    Keith Richards siempre se tomó el tema con humor. En entrevistas, decía que si habían hecho un pacto, debió ser un mal negocio, porque seguían trabajando demasiado. Pero en el fondo, tanto él como Jagger entendían el poder simbólico de la provocación.
    La iconografía satánica, los rituales, el exceso, el descontrol: todo formaba parte del lenguaje del rock. Era una forma de desafiar las normas sociales y de asumir el lado oscuro como parte de la creación.

    Jagger se interesó por el ocultismo y llegó a frecuentar a Kenneth Anger, un cineasta vinculado a la obra de Aleister Crowley, el famoso “mago negro”. La influencia se nota en su estética setentera, donde lo teatral y lo esotérico se mezclaban con el glam y la psicodelia.
    Mientras tanto, Richards, con su aura de inmortal, se convirtió en el símbolo del músico que desafiaba la muerte misma. Cada historia de excesos y supervivencia alimentaba la leyenda.

    🪶 El diablo en el blues, el alma en el rock

    Lo fascinante del mito no es su veracidad, sino su función cultural. Desde Robert Johnson hasta los Stones, el “pacto con el diablo” representa una elección artística: preferir la pasión, el riesgo y la autenticidad antes que la pureza o la moral. En el fondo, el rock siempre fue eso: una manera de hacer temblar las estructuras.

    Los Rolling Stones no invocaron demonios, pero sí invocaron el poder ancestral del blues. Su música está llena de esa energía primitiva, casi ritual. Escuchar Midnight Rambler, Gimme Shelter o Jumpin’ Jack Flash es sentir esa mezcla de peligro y placer que define al género.

    El mito del diablo fue solo el envoltorio perfecto para una verdad más simple: el rock vive del deseo, de la tensión entre lo que la sociedad prohíbe y lo que el cuerpo exige.

    🎧 ¿Por dónde empezar a escuchar?

    Si querés sumergirte en esa etapa donde la leyenda tomó forma, acá van algunos discos y canciones esenciales para entender a los Rolling Stones desde su costado más salvaje:

    • Beggars Banquet (1968) – imprescindible por Sympathy for the Devil y Street Fighting Man.
    • Let It Bleed (1969) – oscuro, apocalíptico, con joyas como Gimme Shelter y You Can’t Always Get What You Want.
    • Sticky Fingers (1971) – sensual y adictivo, con Brown Sugar y Wild Horses.
    • Exile on Main St. (1972) – su obra maestra del caos, grabada en Francia entre vino, humo y genialidad pura.
    • Some Girls (1978) – cuando el punk y la disco chocaron con el espíritu indomable de los Stones.

    Y si preferís canciones sueltas que capturen ese espíritu de fuego y peligro:
    Sympathy for the Devil, Paint It Black, Gimme Shelter, Under My Thumb, Can’t You Hear Me Knocking y Midnight Rambler son viajes directos al alma del mito.

    🔥 Entre el mito y la eternidad

    Más de sesenta años después, los Rolling Stones siguen girando, desafiando la lógica del tiempo y del cuerpo. Tal vez ese sea su verdadero pacto: no con el diablo, sino con la eternidad.
    Cada riff de Richards, cada gesto de Jagger, cada vuelta a los escenarios, parecen una forma de burlarse de la muerte.

    Porque el rock —y ellos lo saben mejor que nadie— no nació para ser puro. Nació para arder, para inquietar, para recordarnos que la belleza también puede ser peligrosa.
    Y en ese fuego eterno, los Rolling Stones siguen bailando con el diablo… y ganando cada ronda.


    💬 Si te gustó este viaje por la historia y el mito, compartilo o contame en los comentarios cuál es tu canción infernal favorita de los Stones. El fuego del rock nunca se apaga.